
5 lugares, curados por gente que sale mucho.
El Palacio de Bellas Artes, con el telón de cristal de los talleres Tiffany y murales de Rivera, Orozco y Siqueiros, es la visita obligada. A un lado, el Museo del Templo Mayor exhibe lo que se descubrió por accidente en 1978 al topar con el monolito de Coyolxauhqui, y el Museo Nacional de Arte reúne siglos de pintura mexicana en un edificio porfiriano de Tacuba. El Museo del Estanquillo, con la colección de Carlos Monsiváis, tiene entrada libre los domingos, como los otros dos. Y en Buenavista, la Biblioteca Vasconcelos —la más grande del país, con estanterías que parecen flotar— es gratis todos los días.
Bellas Artes tardó 30 años en construirse: el arquitecto italiano Adamo Boari la empezó en 1904 con mármol de Carrara pese a las advertencias de que el subsuelo no aguantaría el peso, la Revolución interrumpió la obra y Boari salió del país en 1916 sin verla terminada. Se inauguró hasta 1934, y desde entonces el edificio se ha hundido cerca de tres metros respecto al nivel original de la calle — el mismo fenómeno que se nota en todo el Centro Histórico, pero aquí con mármol italiano hundiéndose de por medio.




