
📍 Valle de Bravo, Edo. Méx.
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Foto: Comisión Mexicana de Filmaciones from México D. F., México · CC BY-SA 2.0 (Wikimedia Commons)
El lago de Valle de Bravo no es natural: es una presa terminada en los años cuarenta como parte del sistema hidroeléctrico Miguel Alemán, pero lleva tanto tiempo ahí que es imposible imaginar el pueblo sin él. Alrededor se acomoda un centro colonial de calles empedradas y casas de teja, mientras en el agua se navega en velero, kayak o lancha. Lo que de verdad pone a Valle de Bravo en el mapa mundial es el parapente: por sus corrientes térmicas se le considera uno de los mejores sitios del planeta para volar, y ver las alas de colores despegar desde el Cerro de la Cruz sobre el lago es un espectáculo en sí mismo. Cerca, en Avándaro, hay cascadas como el Velo de Novia para completar el día.
El malecón es el punto de partida: ahí se rentan lanchas para dar la vuelta al lago y salen recorridos que pasan frente a las casas de la orilla. Si prefieres tierra firme, el centro histórico se recorre a pie en una tarde, con la parroquia de San Francisco de Asís, el mercado de artesanías y calles empinadas llenas de cafés y restaurantes.
Para volar en parapente hay operadores que ofrecen vuelos en tándem con instructor desde las zonas de despegue de los cerros; pregunta por su experiencia y su equipo antes de contratar.
En autobús, Autobuses Zina tiene salidas desde la Terminal Poniente, junto al Metro Observatorio de la Línea 1, y el viaje toma unas dos horas. En auto, la ruta va por Toluca; el último tramo es de curvas, así que conviene manejarlo de día.
Funciona todo el año, pero el clima cambia mucho entre temporadas: en invierno las mañanas y noches son frías, y en temporada de lluvias suele llover por la tarde. Si quieres ver parapentes, las mejores condiciones se dan en la temporada seca, de noviembre a abril. En fines de semana largos el pueblo se llena, así que reserva hospedaje con anticipación.