📍 Luis Moya 31, local 2, Col. Centro, Cuauhtémoc, 06010 Ciudad de México
Ver más planes en Centro Histórico →Bósforo es una mezcalería pequeña y poco iluminada sobre la calle de Luis Moya, a unas cuadras de la Alameda Central. Detrás de una puerta metálica sin mucho anuncio hay una barra, mesas sencillas y un tapanco, y una selección de mezcales de pequeños productores que cambia según lo que llegue: no solo de Oaxaca, también de Michoacán, Guerrero, Puebla o San Luis Potosí, muchos en botellas con etiqueta escrita a mano. Ve si te interesa probar agaves distintos al espadín en un lugar donde se puede platicar.
Aquí se viene a tomar mezcal derecho, no cocteles. Además del espadín, que es el más conocido, suele haber agaves silvestres como tobalá, tepeztate, arroqueño o cuishe. Lo que pruebes hoy puede no estar la próxima vez, así que conviene preguntar qué llegó recientemente y pedir que te expliquen región, agave y productor.
Para acompañar hay botana sencilla: ajo asado, cacahuates con chile de árbol y quesadillas con epazote, que es lo más pedido para no tomar con el estómago vacío.
El mezcal se sirve en recipientes pensados para concentrar el aroma, y cada copa llega con su contexto: tipo de agave, región y forma de producción.
La decoración es mínima: lámparas colgantes de inspiración antigua, velas y sillas de herrería. En el tapanco de arriba se puede uno sentar de forma más relajada. La música va a un volumen que permite conversar, y el público es mezclado: gente del Centro, aficionados al mezcal y viajeros que llegan recomendados.
Abre de martes a sábado por la noche, a partir de las 6 o 7 de la tarde, y cierra domingos y lunes. El gasto promedio ronda los 250 pesos por persona.
Las estaciones más cercanas son Metro Juárez (Línea 3) y Metrobús Juárez. También puedes llegar caminando desde Bellas Artes cruzando la Alameda Central.
En los alrededores tienes el Mercado de San Juan, el Barrio Chino de la calle Dolores y la propia Alameda, así que encaja bien al final de un recorrido por el Centro. De noche, muévete por calles iluminadas o pide un taxi de aplicación para regresar.
Para quien ya disfruta el mezcal o tiene curiosidad genuina por aprender de agaves y productores. Si llegas con algo de idea sobre variedades le sacas más provecho, pero el personal orienta a quien pregunta. No hace falta reservar: se llega directo, y funciona mejor en pareja o con pocos amigos que en grupo grande.